Retomando el relato, no
el viaje, es que trataré de escribir este breve epílogo sobre mi vuelta a Buenos Aires después de guitarrear por América.
En mi última entrada —por Julio de 2014—, les había contado que mi regreso a Buenos
Aires había sido sin escalas, poéticamente hablando claro, porque
tuve mis esperas en los aeropuertos del Salvador y Lima. Pero un
sábado estaba en el aeropuerto de Guatemala y a las 40 horas ya
estaba en Ezeiza.
Para ese entonces, mi
querida moto —“Doña Florinda”— había quedado en Guatemala con un
futuro bastante incierto. Lo sigue teniendo, aunque ya con
nacionalidad guatemalteca y a la espera de un nuevo dueño que la
lleve a rodar.
Y los momentos
posteriores a mi regreso —que no fueron precisamente días— sirvieron para reencuentros
y para reflexionar, de acomodar el
espíritu al cuerpo. Uno había vuelto, el otro no.
Meditar sobre el ahora y un poco mas allá. Durante el viaje esos momentos de reflexión me lo daban los viajes en moto. Ante esta carencia tuve que improvisar con largas caminatas.
Ese planteo es el gran desafío para el regreso de un viaje sin tiempos ni agenda, donde se deja todo. Por eso, es como un volver a empezar. Ahora entiendo a los viajeros que no se pueden acomodar al regreso.
Ese planteo es el gran desafío para el regreso de un viaje sin tiempos ni agenda, donde se deja todo. Por eso, es como un volver a empezar. Ahora entiendo a los viajeros que no se pueden acomodar al regreso.
Por que en el viaje, la
rutina esta hecha de pequeños, pero irrepetibles, momentos.
Era llegar a un lugar
desconocido. Buscar espacios donde tocar. Una vez logrado ese
objetivo conocer, con más tranquilidad, el lugar y su gente. Después
de 14 meses de viaje, todo ello fue creando hábitos muy alejados de
la vida en Buenos Aires.
En el comienzo del
viaje ya era consciente de este desafío. La re-definición de los
vínculos. Con la familia, los amigos, la profesión, etc.
Con la familia no fue
necesaria una re-definición. Ya el vínculo esta dado naturalmente y es inmodificable.
Con los amigos el
desafío es diferente. Con tanto tiempo y lejanía se pierde la cotidianidad de compartir momentos con amigos. Por lo tanto el desafío es volver a tejer esas relaciones. La tarea no es sencilla por que la percepción
propia del tiempo transcurrido es menor que la real.
En cuanto a la profesión...
Una de las primeras
cosas que comprobé con el viaje es que si uno hace lo que le gusta
lo demás viene por añadidura. Eso sí, habrá que bancarse la
incertidumbre y despedirme de la vida segura y metódica del
oficinista.
No hay que ser muy
perspicaz para adivinar lo que me gusta. Y para seguir “guitarreando”
mi objetivo a corto plazo es seguir formándome. Porque conocer grandes músicos a lo largo del viaje dieron cuenta de mis, no pocas, carencias musicales.
En ese búsqueda
encontré la Universidad Nacional de Artes (UNA ex IUNA). Allí podría
cursar la carrera de guitarra.
Pese a meses de intensa
preparación, que no fueron suficientes, no aprobé el examen de
audio-perceptiva, materia en la que soy totalmente primerizo y hay que darle su tiempo para asimilarlo. Asi que la que
seguiré preparando este año.
Pero lo hizo
replantearme mi ingreso a la UNA, es que en la evaluación de guitarra,
no me aprobaron por que consideran mi técnica (de la escuela de Tárrega) vieja, obsoleta, desactualizada y, por lo tanto,
incorrecta. Entonces para entrar, tendría que modificarla. Cuestión
a meditar ya que es más que un cambio de postura. Encierra tambien diferencias filosóficas en cuanto a la concepcion del sonido que tiene que salir de la guitarra. Por lo pronto voy a retomar mis clases con mi maestro Tomás Alonso.
Y como en estos meses estuve preparando un repertorio específico para rendir la audición dejé de lado las obras que toqué en el viaje. Con este nuevo panorama, pondré nuevamente el repertorio en dedo para buscar lugares para tocar en la ciudad.
Por otro lado, con
respecto a lo que fue mi profesión en los últimos años antes del
viaje, la abogacía, asumí su incompatibilidad con la música,
cuando ésta no es considerada solo un pasatiempo.
Igualmente cada tanto
estaré despuntando el vicio con algún que otro caso que llegue a
mis manos y cuando las circunstancias lo ameriten.
Pero, principalmente,
incursionaré en el camino de la docencia. Es por eso que en estos
meses, desde mi vuelta a Buenos Aires, estuve cursando las materias pedagógicas en la
Facultad de Derecho para poder dar clases en colegios secundarios, lo más pronto posible.
En fin. Espero que con este breve epílogo, dar señales de vida y que todos que me acompañaron en este
Guitarreando por América sepan como fue mi vuelta a casa.
No quiero despedirme
sin antes agradecer. Pero son tantas las personas, y que me ayudaron tanto, que
debería dedicarles una entrada exclusiva, cosa que voy a hacer. Espero que ese momento me encuentre inspirado y pueda poner en palabras mi sentimiento de gratitud.
Así que, hasta la
próxima!!
Grande Pedro!!! Nos alegra escucharte de nuevo por este medio!!! es duro el acomodar la cabeza y el espíritu nuevamente, después de semejante gira ,a la rutina diaria...pero lo bueno es que uno viene, con otra perspectiva y mas experiencia, para poder arrancar con energía renovada, en la vuelta a casa.
ResponderBorrarUn abrazo Hermano!! y te seguimos en esta nueva etapa del viaje llamado Vida.